Cuando «True Blood» arrancó, en verano de 2008, las historias de vampiros eran tendencia en el mundo de la ficción audiovisual de terror. Buffy y Blade habían dejado un hondo legado haciendo de las suyas y ese mismo otoño se estrenaban «Déjame entrar» y, sobre todo, la primera parte de la saga «Crepúsculo».
Siete temporadas después, la serie de Alan Ball («A dos metros bajo tierra») permanecía como rara avis en unas pantallas en las que los colmillos largos habían desaparecido para dar paso a hordas de zombis. Ha aguantado hasta esta madrugada, en la que ha echado el cierre definitivo con un final agridulce para sus seguidores.
[ATENCIÓN: este artículo contiene spoilers bajo estas líneas]
Para la despedida, la serie se había guardado un evento por todo lo alto en Bon Temps: la boda entre Hoyt y Jessica, la pareja de novios más complicada del pueblo que acaba con un final feliz (y con un alquiler de un dólar al mes), sirvió de eje central del último capítulo que había comenzado de modo impactante, con un Bill pidiendo a su amada, Sookie, que acabara con su vida y así poder liberarla.
Además, estaban Pam y Eric, los vampiros que, con sus artimañas, habían hecho avanzar la trama de la serie y especialmente de esta última temporada. Ambos llevan a cabo una matanza que confirma que, en su relación, los negocios están por encima de todo, y liberan a Sarah, aunque le colocan ese curioso GPS vampírico que es la sangre para tenerla localizada.
El momento más feliz del capítulo es el del enlace nupcial, en el que los novios lucen majestuosos y durante el que, por primera vez, Sookie es capaz de escuchar los pensamientos de Bill. Ahí confirma los sentimientos del vampiro hacia ella y sopesa su decisión de acabar con el amor de su vida. Pero su naturaleza es superior a sus sentimientos y, ante la tumba de Bill Compton, le da muerte contra su voluntad. Muerte real.
Como ya hiciera Alan Ball con el final de su otra serie mítica, «A dos metros bajo tierra», los últimos minutos son un flash forward en el que se explican los pingües beneficios de Eric, Pam y Sarah con su nueva empresa, New Blood, la paternidad de Jason y, en un esbozo, vemos a una Sookie Stackhouse feliz... ¡y embarazada! pero nos quedamos sin saber quién es su nueva pareja, de la que solo se muestra la espalda. Una tercera persona que al final se quedó con el personaje de Anna Paquin, que no tuvo que escoger -pese a haber pasado siete años con ese dilema- entre Bill o Eric.






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