Suzuki Ecstar: los colores de guerra de Aleix y Viñales
La marca recurre a una firma propia de su línea de lubricantes para dar nombre oficial a su escudería en su esperado regreso a MotoGP.

Eiji Mochizuki, máximo responsable del departamento de carreras, ha pedido a los aficionados el apoyo para su equipo: “Suzuki hace realidad su vuelta a MotoGP, la categoría más prestigiosa en las competiciones de motociclismo. A través de la competición de alto nivel vamos a optimizar nuestra tecnología y ello repercutirá en nuestros modelos de serie, lo que beneficiará a nuestros clientes de todo el mundo a través de las carreras y nuestros productos. Sólo pedimos a nuestros aficionados incondicionales que apoyen al máximo al equipo Suzuki Ecstar”.
A favor del ejecutivo japonés para ganarse el cariño del público juega el hecho de tener en el box a dos pilotos de los que no pasan inadvertidos, porque lo dan todo en la pista y porque tienen muchos seguidores. Aleix se presenta en el vídeo promocional de la casa de Hamamatsu como “una persona simpática y un tío fácil, aunque también un poquito nervioso. Soy un piloto que trabaja fuerte, que nunca da nada por perdido y que da lo mejor de sí hasta la última curva”.
Sobre la nueva GSX-RR, el de Granollers dice: “La primera impresión es buena. La moto es fácil, buena en las frenadas, se mueve bien en los cambios de dirección y su chasis es muy, muy bueno. Intentaremos estar con ella los más cerca posible de los delante”. Y lanza un mensaje a los fans: “Necesitamos vuestro apoyo y espero sentirlo para poder darlo todo”.
Maverick, por su parte, se describe como “una buena persona, pero muy competitivo”. ¿Su punto fuerte? “Soy muy agresivo y cuando veo un piloto de mí siempre quiero adelantarlo”. De la Suzuki afirma que “es increíble poder pilotar esta moto y cualquiera disfrutaría sobre ella”. Los objetivos para su año de debut en MotoGP los tiene muy claros: “Ser fuertes, apreneder mucho e ir desarrollando paso a paso la moto”. Y para los fans tiene una petición: “Apoyad a Suzuki porque en el futuro haremos cosas muy importantes”. Tiene pinta de que así será.
uzuki, histórica marca que regresa este año al Mundial de motos, lo hace con un equipo oficial de MotoGP en el que militan Aleix Espargaró y Maverick Viñales y que se denominará a partir de ahora Suzuki Ecstar, por la firma propia de la línea de lubricantes de la casa nipona.Eiji Mochizuki, máximo responsable del departamento de carreras, ha pedido a los aficionados el apoyo para su equipo: “Suzuki hace realidad su vuelta a MotoGP, la categoría más prestigiosa en las competiciones de motociclismo. A través de la competición de alto nivel vamos a optimizar nuestra tecnología y ello repercutirá en nuestros modelos de serie, lo que beneficiará a nuestros clientes de todo el mundo a través de las carreras y nuestros productos. Sólo pedimos a nuestros aficionados incondicionales que apoyen al máximo al equipo Suzuki Ecstar”.A favor del ejecutivo japonés para conseguirse el cariño del público juega el hecho de tener en el box a dos pilotos de los que no pasan inadvertidos, porque lo dan todo en la pista y porque tienen muchos seguidores. Aleix se presenta así en el vídeo promocional de la casa de Hamamatsu: “Una persona simpática y un tío fácil, aunque también un poquito nervioso. Soy un piloto que trabaja fuerte, que nunca da nada por perdido y que da lo mejor de sí hasta la última curva”.Sobre la nueva GSX-RR, el de Granollers dice: “La primera impresión es buena. La moto es fácil, buena en las frenadas, se mueve bien en los cambios de dirección y su chasis es muy, muy bueno. Intentaremos estar con ella lo más cerca posible de los delante”. Y lanza un mensaje a los fans: “Necesitamos vuestro apoyo y espero sentirlo para poder darlo todo”.Maverick, por su parte, se describe como “una buena persona, pero muy competitivo”. ¿Su punto fuerte? “Soy muy agresivo y cuando veo a un piloto delante mí siempre quiero pasarle”. De la Suzuki afirma: “Es increíble poder pilotar esta moto y cualquiera disfrutaría sobre ella”. Los objetivos para su año de debut en MotoGP los tiene muy claros: “Ser fuertes, aprender mucho e ir desarrollando paso a paso la moto”. Y para los fans tiene una petición: “Apoyad a Suzuki porque en el futuro haremos cosas muy importantes”. Tiene pinta de que así será.
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Criville contra Doohan, un duelo de alto voltaje en la temporada 96
Por encima de la consecución el tercer título de Mick Doohan, la campaña de 1996 será recordada por los vibrantes duelos que nos ofrecieron el australiano y Alex Crivillé.
El cetro logrado por Alex Crivillé poco antes de iniciarse el siglo XXI supuso un cambio de signo en la máxima categoría pero, por encima de todo, fue la constatación palpable de que la categoría reina ya no era coto privado de americanos y australianos. Los españoles primero, con Crivillé, y los italianos después, con Valentino Rossi, tomaban el testigo, iniciando una nueva era.
Unas campañas antes el propio Crivi había sido el encargado de hacer temblar los cimientos del poderío australiano. La semilla de aquellos nuevos aires comenzó a gestarse la pretemporada del 96, cuando estaba a punto de afrontar su tercer curso en el seno del Repsol Honda Team. El noi de Seva se preparó mejor que nunca y como resultado encontró una mejora generalizada de sus cronos. Se sabía fuerte y por ello llegó a la primera cita de la temporada, Malasia, con el deseo de cosechar un gran resultado. Sus ansias de victorias, sin embargo, le llevaron al suelo: “Salí con un exceso de ganas y lo pagué. Sufrí una caída que me tocó bastante. Me destrocé la mano otra vez. Me rompí un tendón y perdí una buena parte de la piel. Con el siguiente GP siete días después, pensé que las dos primeras iban a pasar en blanco para mí”. Pero no lo hicieron. En Indonesia Álex completó una buena prueba, dada sus condiciones físicas, y llegó a meta cuarto, por detrás de Doohan, Barros y Capirossi.
Dos semanas más tarde, en Suzuka, Crivillé comenzó a encarrilar la temporada al terminar en la segunda plaza. El trazado nipón supondría un punto de inflexión, pues a partir de ahí pelearía siempre por situarse en los puestos delanteros.
Una victoria robada por la afición
La cita de Jerez fue trascendental, pues influyó directamente en el transcurso del resto de la campaña. Crivillé cambió de estrategia y dejó que otros fueran los que asumieran los riesgos. Así ocurrió en Mugello, donde Doohan volvió a vencer. “Sí, reconozco que en Italia me vi con capacidad de ganar la carrera. Lo que pasa es que a tres vueltas del final Mick tiró muy fuerte y ante la posibilidad de que seguirle me llevara a cometer otro error, preferí no dar en ese momento el ciento por ciento”, declaraba piloto.
En Francia y Holanda se repitió el mismo guión, con Doohan ganando y el de Seva segundo. Nurbunring fue un pequeño oasis en el que Cadalora se impuso, pero en Donington ambos volvieron a cosechar otro doblete, siendo nuestro piloto nuevamente el vencido.
Para cuando el campeonato recaló en Austria Mick ya se había encargado de enrarecer el ambiente en el equipo, realizando declaraciones insidiosas, como cuando aseguró que con el español a rueda se sentía seguro y no tenía necesidad de rodar al máximo de sus posibilidades. Su confianza en sí mismo era casi tan grande como su arrogancia.
Hachazo en Austria
El entonces bicampeón de 500cc se vio lastrado por la elección de una goma inadecuada, cierto, pero en lugar de aceptar la derrota elegantemente optó por arremeter contra su compañero: “Correr contra Crivillé es frustrante. Me siento como si hubiese tirado de él a lo largo de toda la carrera con una cuerda. Parece incapaz de rodar rápido por sí solo”, llegó a expresar.
Dos milésimas
La tensión que se vivía en el equipo no se rebajó ni un ápice en Ímola, donde Crivi sucumbió ante su contrincante. Días después, el aussie se alzaba con su tercer título consecutivo, al cruzar la meta del Circuit de Catalunya en la segunda posición. Tras repetir un 1-2 en Brasil, los dos integrantes de la escuadra oficial de HRC aterrizaron en Australia, último round del curso. Ambos querían despedir el año con una victoria, pero ninguno lo consiguió. Pese a que Crivi se hizo con la pole el día anterior, el domingo la lucha fue muy igualada. Ninguno quiso ceder y, al final, los dos acabaron en el suelo. Pudieron regresar a pista y ver la bandera a cuadros, pero muy lejos de los integrantes del podio (Capirossi, Okada, Checa).
El duelo de Eastern Creek, aunque llevado al extremo, fue un fiel reflejo de lo vivido a lo largo de una temporada de alto voltaje, y un preludio de lo que acontecería años más tarde cuando Crivillé catapultaría a España a la cima del motociclismo.
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