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viernes, 28 de marzo de 2014

La Tate tiene que devolver un Constable robado por los nazis

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Duro informe del comité del expolio británico, que acusa al museo de no investigar lo suficiente el origen de la obra y de ocultar información a sus herederos
La Tate tiene que devolver un Constable robado por los nazis
tate gallery
 «Un barco varado», de John Constable
Por primera vez, la londinense Tate Gallery tiene que devolver una obra de arte ante las evidencias encontradas de que fue robado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

 
Un comité de expertos nombrado por el gobierno británico ha realizado un informe en el que la Tate tiene la obligación moral de de entregar «Un barco varado» (1824), de John Constable, a la familia de su legítimo dueño, un coleccionista húngaro que murió en 1958.
En el citado documento, estos especialistas (conocidos como el comité del expolio) critican al museo por no realizar las investigación necesaria en torno a la pintura, que fue donada a la Tate por un coleccionista privado. «No era muy difícil realizar las pesquisas. Hungría la ha incluido en la lista oficial de obras robadas desde los últimos años cuarenta», se afirma en el informe.
El Constable perteneció originariamente al aristócrata Baron Ferenc Hatvany, afincado en Budapest, que contaba con una gran colección de arte. Sus herederos descubrieron hace dos años que «Un barco varado» había terminado en la Tate. Lo reclamaron oficialmente al citado comité.

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Hatvany adquirió la pintura en una subasta en París en 1908. En 1942, ante la amenaza de bombardeos aliados en Budapest, el aristócrata pueso muchas de sus obras de arte a salvo, pero otras permanecieron en sus residencias.
Dos años después, tras la invasión de Hungría por los alemanes, Hatvany se escondió hasta que las tropas soviéticas entraron en el país en febrero 1945. En ese momento, los soldados del Ejército Rojo saquearon todo.
El comité, presidido por Sir Donnell Deeny, también acusó a la Tate de ocultar información sobre la obra de arte a los herederos y deja claro que no se les ha facilitado todo el material que ellos solicitaron.
En un rápido comunicado la Tate ha afirmado que devolverá el Constable a sus legítimos propietarios.
 
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Salen a subasta cuatro pinturas expoliadas por los nazis y recobradas por los «Monuments Men»
Dentro de una semana se estrena en Estados Unidos la película, dirigida por George Clooney, que está dedicada a la gesta de los soldados estadounidenses que en la Segunda Guerra Mundial recuperaron arte robado por el Tercer Reich
Salen a subasta cuatro pinturas expoliadas por los nazis y recobradas por los «Monuments Men»
SOTHEBY'S
Una vista de Venecia pintada por Francesco Guardi
Hollywood y realidad se darán este jueves la mano en la subasta programada por Sotheby’s en Nueva York. Una semana antes del estreno en Estados Unidos de la película«The Monuments Men» (George Clooney, Cate Blanchett, Matt Damon), dedicada a la gesta de los soldados estadounidenses que en los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial recobraron arte robado por los nazis, Sotheby’s sacará a la venta cuatro pinturas expoliadas por el Tercer Reich y recuperadas en su día, precisamente, por los «Monuments Men».
Se trata de una vista de Venecia al óleo de Francesco Guardi, pintada en el siglo XVIII; una tabla de pan de oro de Apollonio di Giovanni, creada en Venecia en el siglo XV, y dos paneles de comienzos del siglo XVIII que presentan un paisaje con parejas jugueteando en él. Las obras fueron robadas a adineradas familias en la campaña militar nazi contra Francia. Formaron parte del botín artístico tomado por la unidad Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg (ERR).
No son las piezas de mayor precio en la subasta de Sotheby’s dedicada a pintura y escultura de los grandes maestros, pero buena atención mediática se ha centrado en ellas. El hecho de que las obras hubieran sido catalogadas por los propios nazis, como se aprecia aún en su parte posterior, facilitó su devolución al término de la guerra, algo que no ocurrió en muchos casos del expolio nacionalsocialista.
La pintura de Francesco Guardi, que sale a subasta con un precio estimado entre 200.000 y 300.000 dólares, pertenecía a la viuda del banquero francés André Louis-Hirsch, que había muerto en 1933. Fue confiscada en 1941. Los soldados estadounidenses la recobraron y fue restituida a la familia Hirsch en mayo de 1946.

La obra de Di Giovanni, titulada «Triunfo de Marcus Furius Camillus», y valorada entre 150.000 y 200.000 dólares, formaba parte de la colección que el barón Edmond de Rothschild tenía en su Chateau de Ferrières. Los nazis la trasladaron a la embajada alemana en París. Con el avance de la guerra, fue llevada a Baviera, en cuyo monasterio de Buxheim fue recobrada por los soldados estadounidenses. Fue restituida a la familia Rothschild en 1946-47.
La pareja de pinturas de Pater, tituladas «La cueillette des roses» y «Le musicien», eran también propiedad de la rama francesa de la familia Rothschild. Tras su saqueo en noviembre de 1940 las piezas fueron conservadas por Hermann Göring en Carinhall, su palacete de campo. En marzo de 1945 fueron evacuadas al castillo de Veldenstein y en abril a Berchstegaden, donde estaba el complejo residencial de Hitler de los Alpes. Allí fueron recobraras por los «Monuments Men» y devueltas a la familia propietaria en septiembre de 1945.
 
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Alemania esconde aún el arte robado por los Nazis
 
«Der Spiegel» revela que miles y miles de piezas procedentes de la rapiña nacionasocialista se han ocultado y no se gestionaron con transparencia
Hitler admira una obra de arte. Los nazis acumularon millones de piezas de valor expoliadas a los judíos
ALgunas obras, como este Rembrandt, aparecieron en una mina de sal después de la Guerra
Dedicatoria de Hitler en el reloj de diamantes que regaló a Eva Braum
Merkel inaugura una muestra que recuerda la llegada de Hitler al poder hace 80 años
El titular era este: «El reloj de Hitler, el secreto de Alemania». Con esas palabras tan directas como inquietantes, el prestigioso semanario alemán «Der Spiegel» sacudió Alemania con su portada de esta semana. Según el reportaje, que ocupa diez páginas, el reloj en discordia se lo regaló Adolf Hitler a su amante y posterior esposa Eva Braun en 1939. En su reverso, el dictador nacionasocialista ordenó grabar «6.02.1939, afectuosamente, A. Hitler». Fue el regalo que el Führer le hizo a Braun por su 27 cumpleaños.
Esta pieza literalmente marcada por el horror nacionalsocialista es sólo la punta del iceberg de lo que «Der Spiegel» ha bautizado como «botín pardo»: es decir, un museo oculto, miles de piezas de arte, joyas y objetos preciosos que el régimen nazi acumuló durante los doce años que tuvo el poder en Alemania y en su fallido intento de someter al resto de Europa.

Almacenado en Munich

El reloj de diamantes, junto con otros objetos como perlas, anillos y piezas de oro, permanece almacenado y apartado del público en la Pinacoteca de Arte Moderno de Múnich desde hace años.

El régimen nacionasocialista, en el marco de su naturaleza destructiva y belicista, siguió una lógica de extracción y robo allá donde conseguía imponer su poder. Una lógica que comenzaba con las órdenes de sus propios líderes (Hitler, Göring o Goebbels) y que, como en el caso del «reloj de Hitler», cerraba el círculo en la misma cúpula nazi.
¿De dónde procedía el reloj que Hitler le regaló a Eva Braun? No se sabe porque no se llegó a investigar. Quizá Hitler lo ordenó fabricar exclusivamente para el aniversario de su amante, o tal vez perteneciese a una familia judía expropiada y asesinada. No en vano, miles de valiosísimas propiedas robadas a las víctimas del nazismo alemán acabaron en manos de los principales ideólogos del nacionalsocialismo.
Según la detallada cronología ofrecida por «Der Spiegel», con la derrota del nazismo y el fin de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas aliadas occidentales trasladaron el expolio nazi a las dos sedes de la llamada Central Collection Potins situadas en Múnich y Wiesbaden. Entre 1945 y 1952, aproximádamente dos millones y medio de objetos valiosos y obras de arte (entre ellas más de 400.000 pinturas, esculturas y dibujos) fueron devueltas a sus propietarios originales.
Sin embargo, miles de de esos objetos pasaron a formar parte del patrimonio de la República Federal Alemana: cerca de 2.000 obras de arte acabaron repartidas entre 111 museos de todo el país, y 660 cuadros aterrizaron en instalaciones federales tanto en Alemania como en el extranjero. Sólo en las colecciones de pintura pertenecientes a museos estatales del Estado de Baviera hay unos 4.400 cuadros y 770 esculturas que llegaron allí por orden del régimen nazi. El número exacto de piezas que forman el «legado pardo» sigue, por tanto, siendo incierto.
Como ejemplo, «Der Spiegel» desempolva una foto tomada en 1988 que muestra una recepción del último presidente de la desaparecida República Democrática de Alemania (Estado socialista oriental), Erick Honecker, por parte del entonces primer ministro bávaro y socialcristiano Franz Josef Strauß: la instantánea en blanco y negro muestra como el acto protocolario tiene lugar sobre una alfombra que perteneció a Hermann Wilherlm Göring, lugarteniente de Hitler y comandante supremo del ejército del aire nazi.

80 años de la llegada al poder

Cuando se acaban de cumplir los 80 años de la llegada de Hitler al poder surgen lógicamente incómodas preguntas en un país que tiene que hacer frente a su pesada historia moderna una y otra vez: ¿qué hacer con el desagradable legado nacionalsocialista que sigue cogiendo polvo en museos de todo el país? Y sobre todo, ¿por qué las instituciones de la República Federal Alemana no abordaron antes y de forma más efectiva el «botín pardo»? ¿Por qué no devolvieron antes las propiedades extraídas a los descendientes de las víctimas del nazismo? ¿Por qué Alemania no manejó con mayor transparencia y rapidez tal herencia?
La teoría es fácil: aquellas propiedades extraídas a las víctimas del nazismo deben ser devueltas a sus propietarios o descendientes. Así lo establece la Declaración de Washington, firmada en 1998 por más de cuarenta Estados (Alemania entre ellos). Pero la teoría está lejos de casar con la práctica: falta el dinero que permita llevar a cabo esos mastodónticos trabajos de rastreo, tal y como denuncia el exministro de Estado de Cultura y socialdemócrata Michael Naumann, que pide al actual Gobierno federal que se ponga manos a la obra.
«Sobre todo los pequeños museos tienen problemas para llevar a cabo ese trabajo», afirma Uwe Hartmann, director del departamento encargado de investigar la procedencia de obras de arte de los museos públicos de Berlín.
Pero no sólo la falta de dinero parece ser un problema para ese ingente trabajo de rastreo: «Simplemente nos faltan los años», asegura Hartman, en declaraciones a la agencia DPA. En las décadas de los 70, 80 y principio de los 90, este tipo de investigación no jugaba ningún papel en los museos alemanes. «Si no fuera por esa pérdida de tiempo, hoy podríamos trabajar de manera bien distinta», asegura Hartmann.

Lección incompleta de memoria histórica


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