Érase una vez en un lugar muy lejano llamado USA, un chico que brillaba al
sol, y una chica pálida y sin expresión, se conocieron rodando una película.
Poco después se enamoraron y durante unos años escenificaron el amor eterno,
pasional, casto y puro.
Pero un buen día un malvado director de cine, sedujo
y embrujó a la chica pálida y en un páramo alejado dieron rienda suelta a la
pasión sin percatarse que un fotógrafo que pasaba por allí “de casualidad”
inmortalizó aquel momento de debilidad.
En esencia esta es la triste historia de Krinsten y Robert, los actores
protagonistas de la saga crepúsculo, pero al final, triunfó el amor porque todo
indica que el chico que brilla, lo siento ya puede hacer dos mil películas
serias con directores consagrados que para mi seguirá siendo el chico que
brilla, no solo la ha perdonado sino que le ha pedido en matrimonio y la pánfila
de una sola expresión ha dicho que si.
Así que triunfó el amor, fueron felices para siempre, comieron perdices por
kilos y miles de fans lloraran de emoción.

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