lunes, 24 de diciembre de 2012
Actúa para que el Banco Mundial frene el acaparamiento de tierras
La sed europea de biocombustibles augura más hambre, mientras los precios de los alimentos se
disparan
Las políticas Europeas de consumo de biocombustible están convirtiendo en carburante alimentos básicos como el maíz o la soja "El objetivo de los biocombustibles era hacer el transporte más ecológico, pero resulta que los gobiernos europeos están malgastando el dinero de los consumidores a la vez que privan a millones de personas de alimentos, tierra y agua" Oxfam (Intermón Oxfam en España) ha revelado hoy, coincidiendo con la reunión de los ministros europeos de Energía, que la tierra utilizada para producir biocombustibles para llenar los depósitos de los vehículos europeos durante un año podría producir maíz y trigo suficiente para alimentar a 127 millones de personas. La organización internacional hace un llamamiento a la Unión Europea a replantearse su peligroso romance con los biocombustibles ante el gran riesgo que corren las personas más pobres del mundo de padecer hambre debido al desorbitado aumento de los precios de los alimentos. En este nuevo informe de la campaña CRECE, “Las semillas del hambre”, Oxfam advierte de que la creciente avidez de Europa por los biocombustibles está provocando un aumento de los precios de los alimentos a nivel internacional, obligando a muchas personas a abandonar sus tierras e incrementando, en consecuencia, los niveles de hambre y desnutrición en los países pobres. Los mandatos Europeos de uso de biocombustibles podrían llegar a costar a cada persona adulta 30 euros anuales en el año 2020. En 2008, en la UE se destinaron aproximadamente 3.000 millones de euros a proporcionar exenciones fiscales e incentivos a la producción de biocombustibles, cantidad comparable al controvertido rescate de Grecia el pasado mes de febrero. La publicación de este informe coincide con la reunión de los ministros europeos de Energía en Chipre para debatir la estrategia europea sobre energía renovable posterior al 2020. De acuerdo con la legislación europea actual, para el año 2020, el 10% de la energía para el transporte deberá provenir de fuentes renovables, y se prevé que la mayor parte proceda de biocombustibles elaborados a partir de cultivos alimentarios. “Europa ha contribuido a desatar una ‘fiebre’ mundial por los biocumbustibles que está obligando a muchas familias pobres a abandonar sus hogares, mientras las grandes empresas acumulan beneficios. El objetivo de los biocombustibles era hacer el transporte más ecológico, pero resulta que los gobiernos europeos están malgastando el dinero de los consumidores a la vez que privan a millones de personas de alimentos, tierra y agua", señala Lourdes Benavides, responsable de justicia económica de Intermón Oxfam. "La actual escalada de los precios de los alimentos a nivel internacional es una clara señal de alarma que los ministros europeos de Energía deberían atender. Es muy sencillo: A menos que los gobiernos europeos eliminen los mandatos de biocombustibles, que se prevé dupliquen el consumo de biocarburantes en los próximos años, muchas más personas se verán sumidas en la pobreza", añade Benavides. Por este motivo, Intermón Oxfam ha enviado una carta al Ministro José Manuel Soria pidiéndole que defienda la eliminación de estas cuotas ante sus homólogos en la reunión que se celebra hoy en Chipre, sin dejar de apostar en España por una política de energía renovable y sostenible ambiciosa. Este verano, los precios del maíz y de la soja alcanzaron máximos históricos, perjudicando gravemente a las personas pobres, quienes destinan hasta un 75% de sus ingresos a la compra de alimentos. Para el año 2020, sólo los mandatos de biocombustibles podrían provocar un aumento de hasta un 36% de los precios de algunos alimentos. Este incremento nos afectaría a todos pero tendría efectos especialmente perjudiciales para las más pobres, quienes ya tienen problemas incluso para comprar los alimentos que necesitan para sobrevivir. Dado que el 80% del biocombustible europeo es biodiesel (elaborado principalmente a partir de la colza, la soja y el aceite de palma), los mandatos europeos tienen un especial impacto en los precios del aceite vegetal y las semillas oleaginosas a nivel mundial. Esto hace aumentar el precio de venta al público del aceite para cocinar tanto en los países importadores (como Haití) como en los exportadores (como Indonesia, principal proveedor de biodiesel de la UE). Para el año 2020, Europa podría necesitar una quinta parte de todo el aceite vegetal producido a nivel mundial para satisfacer su demanda de combustible. "Las políticas europeas sobre biocombustibles están agravando el cambio climático en lugar de mitigarlo y son las personas pobres quienes pagan el precio más alto. Pero existen alternativas: lograr que los gobiernos establezcan estándares de eficiencia mínima para los fabricantes de vehículos, crear sistemas de transporte mejores y potenciar el uso de vehículos eléctricos", concluye Benavides. Alimentos comercializados en UE Sólo el 3% de los españoles conoce el sello que acredita el comercio justo BRUSELAS, 6 Jul. (EUROPA PRESS) - Los españoles son los europeos que menos conocen el sello que acredita el comercio justo de productos agrícolas en la Unión Europea, con sólo un 3 por ciento que dice reconocer el logo, según los datos de un Eurobarómetro publicado este viernes por la Comisión Europea. El sello de comercio justo acredita que un producto ha sido fabricado, transformado, embalado y comercializado conforme a las normas de este tipo de comercio y es conocido por una media del 36 por ciento de los europeos, aunque es en países como Irlanda (78%), Países Bajos (78%), Luxemburgo (76%) y Dinamarca (75%) donde goza de mayor popularidad. En el caso de España, país donde menos se conoce el sello de comercio justo, otros símbolos como el de 'especialidad tradicional' (25%), agricultura ecológica (14%) y denominaciones de origen (14%) son más conocidos. La encuesta realizada para conocer la opinión de los europeos sobre la seguridad y la calidad de la producción agrícola dentro de la Unión Europea revela otras cuestiones como que el 71 por ciento de los españoles se declara "preocupado" por la producción alimentaria en su país, frente al 43 por ciento de los europeos. Con este resultado España es el cuarto país con mayor inquietud por la seguridad alimentaria en su territorio, por detrás de Grecia (94%) y Portugal (78%), y tercero en preocupación por la producción en el conjunto de la UE, con 66 por ciento de la población.
Además, el 88 por ciento de los españoles considera que la Unión Europea debería ayudar a los países a aumentar su producción de alimentos y el 91 por ciento cree que la agricultura de la UE debería ser mayor para reducir la dependencia de mercados terceros. A la hora de comprar productos agrícolas, el 96 por ciento de los españoles valora el precio (91% en la UE), el 66 por ciento el origen del artículo (71% en la UE) y un 63 por ciento la calidad (65% en la UE).
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