Tierra de contrastes, desde Sierra Morena al norte hasta las llanuras y la costa del sur, Huelva cuenta con auténticos reductos de la fauna y flora autóctona como los parques naturales de Sierra de Aracena y Picos de ArocheAracena lo hace su Iglesia-Fortaleza asentada sobre una montaña caliza que alberga la Gruta de las Maravillas
constituye una de las mayores reservas biológicas de Europa. A modo de cinturón alrededor de este se encuentra el Parque Natural, un paraíso que ha sobrevivido a amenazas ecológicas y ocupa 53.709 hectáreas dentro de las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla. Compuesto por la franja litoral y las masas forestales, comprende gran variedad de ecosistemas, como las Playas y Médano del Asperillo o las Marismas de Bonanza.
Sus 53.709 hectáreas conforman una de las mayores reservas biológicas de EuropaEl senderismo es práctica habitual y las rutas para recorrer el Parque son altamente recomendables de hacer con una cámara de fotos a mano. Una de las rutas planificadas recorre lugares relacionados con el descubrimiento de América, como La Rábida, Palos de la Frontera, Moguer y Lucena del Puerto. Otro recorrido acerca al visitante al norte del Parque, partiendo de Aznalcázar, pasando por Almonte hasta Villamanrique y haciendo un alto en la popular aldea del Rocío. Un trayecto por el litoral propone en cambio recorrer la costa de Huelva desde Matalascañas a Mazagón.
En este caminar puede el visitante toparse con extensas playas, dunas móviles, marismas, matorrales, bosques de pino, alcornoques, eucaliptos, etc. También es una delicia para quienes gusten de observar aves tan características como el águila imperial, el calamón o el milano negro, además de la abundante colonia de flamencos y grullas. Una fauna llena de color y acostumbrada al turismo, que se completa con gamos, jabalíes y el simbólico lince ibérico, que encuentra aquí uno de sus reductos más importantes.
Gastronomía y más
La gastronomía de la zona es igualmente rica y variada, desde los pescados y mariscos de Sanlúcar de Barrameda hasta la caldereta y el cocido de Almonte o las migas y las carnes a la brasa de Hinojos.Lo mismo pasa con la artesanía típica, que va desde las cerámicas a las fibras vegetales pasando por la piel, el cuero, metal o textil. Y es que la vida en los pueblos se relaciona directamente con el parque. Sin ir más lejos, hay zonas dedicadas a la cría de caballos y algunos ganaderos tradicionalmente sueltan sus caballos para que vivan en estado salvaje.










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